ESFERAS DE PODER
En las partes anteriores se ha hablado de la clase política en términos generales, sin hacer mención de personajes específicos. Esto se debe a una razón que conviene aclarar antes de continuar:
Centrar la atención en dichos personajes es situar el análisis en la superficialidad del sistema político, lo cual desvía la atención de los problemas situándolos en personas cuya función es pasajera, creando con esto el imaginario de que las cosas cambiarán con el cambio de personas de una administración a otra.
Esto a su vez le introduce una limitación de carácter cronológico al estudio de problemas que no se limitan únicamente a uno u otro periodo, sino que son sistemáticos.
Lo importante del sistema político-administrativo no son los políticos sino el sistema en si, es decir, la serie de funciones, facultades, atribuciones y responsabilidades que recaen en los cargos públicos; y el meollo del asunto, de acuerdo a esta serie de articulos, es que dichos cargos siguen recayendo en un Sistema Representativo filtrado por un Sistema de Partidos que cierra el Sistema Gubernamental a la participación de los ciudadanos en los procesos de toma de decisiones.
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Un ejemplo claro de esto es el régimen presidencial, cuya crítica por parte de la mayoría de los analistas suele centrar las anomalías y aciertos en materia de gobierno en el "estilo de gobernar" del titular del poder ejecutivo a nivel nacional, estatal o municipal, como si sólo en ellos recayeran todas las funciones y atribuciones de toda la administración pública.
Esto más bien nos distrae del verdadero juego de intereses y competencias que rodean a un sistema político-económico tan complejo como el mexicano en la actualidad, y hace que nos desentendamos de nuestra responsabilidad como ciudadanos respecto a ese poder, manteniendo la absurda idea de que la democracia consiste en delegar el poder público en otros y no en asumirlo nosotros.
En trabajos posteriores profundizaremos en este tema, por ahora el objetivo es distinguir las tres esferas que nos interesa situar como ejes del ejercicio del poder en nuestro país, estos son:
El Poder Económico,
El Poder Político y
El Poder Social, destacando aquí la importancia de que éste último adquiera mayor participación para regular a los otros dos.
Mediante el despliegue de estrategias de participación y democracia directa, los ciudadanos podemos evitar que la falta de legitimidad y autoridad moral de la clase política para ejercer el poder público derive en el debilitamiento de las instituciones que regulan la dinámica de nuestras sociedades, pues ello trae consigo el riesgo de caer en escenarios de ingobernabilidad e inestabilidad política que, a su vez, pueden ser aprovechados por los oportunistas de siempre para suplantar de nueva cuenta la voluntad popular, además de propiciar escenarios de desestabilización siempre contraproducentes para un país que necesita estabilidad en todos los aspectos.
La sociedad civil a través de su organización y de dicho despliegue de estrategias propias puede y debe ser protagónica en ese proceso, no sólo de reformar, sino de reconstruir al Estado, desde la base. Pero eso sólo puede y debe hacerlo la sociedad civil, pues si siguen siendo las élites quienes le den forma a las leyes y a las instituciones, estas seguirán estando a su servicio y funcionando para su beneficio.
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Recapitulando lo dicho en la tercera parte, no es casual que las medidas de "ajuste" económico llevadas a cabo por varios gobiernos europeos desde el 2012 a la fecha (Grecia, España, Italia, Francia, Italia, Portugal, entre otros) estén causando catastróficos efectos en términos políticos y sociales.
El descontento popular y la inestabilidad política actual en esas latitudes es una de las consecuencias del manejo unilateral de las instituciones por parte de los grupos de poder político-económico, pues fueron dichos grupos quienes apostaron por implementar políticas económicas que benefician sobre todo a sus intereses por encima de los de la población, con los costos que ahora se están viendo.
Como te decía en la cuarta parte, uno de los riesgos de mayor gravedad que enfrentan los países en ese tipo de situaciones es que se produzcan estallidos sociales generalizados que arrastren consigo a la estructura institucional construida a lo largo de muchas generaciones y luchas sociales.
Lo que aquí se plantea es que a través de estrategias de democratización real de los sistemas gubernamentales, es factible no sólo estabilizar el panorama político, sino también agilizar la administración pública, así como regular y coordinar las esferas de poder antes mencionadas.
Es posible causar y encausar el curso de los acontecimientos, pero para ello es fundamental la organización de las diversas fuerzas sociales y su transformación en UN actor colectivo. Quizá esto puede parecer imposible, de hecho hay un afán sistemático para hacernos creer que lo es; por eso el fatalismo y el pesimismo de la gente, por eso el desencanto respecto a la política, por eso el miedo y la desconfianza entre todos... Lo que no es imposible, es iniciar el proceso que otras generaciones deberán continuar hasta hacerlo REAL.
HASTA LA PROXIMA
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