NO VIOLENCIA
Intro. La Satyagraha u "obstinación por la verdad” fue la base ideológica del Movimiento de Resistencia Pacífica dirigido por Mohandas Gandhi, el cual derivó en un Movimiento Nacional de Liberación que triunfó a base de ofrendar vida sin causar muerte.
No es la ocurrencia de un líder carismático como Gandhi o una forma elegante de huir al enfrentamiento directo contra las fuerzas que protegen al orden establecido, sino que a su vez se deriva de otro principio hinduísta denominado Ahimsa o no violencia, no sólo contra el estado o contra individuos en posiciones de autoridad, sean burócratas o policías, sino respeto absoluto a todo, una no violencia hacia la vida en general.
En un sentido político, significaría que no hay enemigos en una u otra persona, sino en un sistema (sin importar que ese sistema sea creado y desplegado por personas); no el Estado como tal porque (si le creemos a los contractualistas) los ciudadanos somos parte de él, sino un estado de cosas sistemáticamente opuesto al interés general y a favor de intereses particulares.
En este sentido, los fenómenos que hacen posibles todos los desequilibrios sociales deben ser combatidos, enfrentados, pero no con violentos y fugaces disturbios callejeros, sino con la persistente acción organizada y cotidiana de la población.
CAUSAS Y EFECTOS
En todo país, pero sobre todo en los que como el nuestro se encuentran en vías de desarrollo social, político y económico, los escenarios de desestabilización derivan en efectos negativos que no ayudan en nada a las luchas o movimientos sociales, ni a la población en su conjunto.
Lo de menos son los efectos que dichos escenarios tienen en el aspecto económico: fuga de capitales, inhibición de la inversión nacional y extranjera, desempleo, etc. Lo preocupante está en los efectos de la violencia social: enrarecimiento del ambiente político y social, polarización de la sociedad, justificación de la violencia institucional y su elevado costo en vidas humanas, etc. De ahí la importancia de evitar emprender acciones violentas, así como de no caer en provocaciones ni creer ingenuamente en ideologías que conduzcan a ella.
Hasta ahora, el único elemento rescatable de los enfrentamientos entre la población y las "fuerzas del orden" ha sido la perdida del miedo al poder represor de las fuerzas armadas. Y es rescatable por que la gente ya se dio cuenta de que si se organiza y cuenta con medios para coordinar su movilización, siempre superará en número a los aparatos represivos del estado.
El recurso de la violencia tampoco beneficia a los gobiernos o a los gobernantes, pues siempre tendrá un alto costo político para éstos. Así pues, en caso de darse, no debe quedar en los movimientos sociales la justificación de la intervención violenta por parte de la policia; es importante saber que con el tiempo, los movimientos pacíficos adquieren mayor autoridad moral ante la población y no se exponen al desgaste de su imagen pública, ni exponen a sus miembros a situaciones de riesgo directo que pudieran ser utilizadas para desprestigiarlos con pretextos "legales".
A estas alturas de la historia, conscientes de la traumática secuencia de destrucción y muerte dejada por los regímenes totalitarios durante prácticamente todo el Siglo 20, los gobiernos deberían renunciar a toda aspiración de control total sobre su población, no sólo por el beneficio de ésta sino de si mismos, pues siempre, pero sobre todo en momentos de crisis es mejor contar con la población que tenerla en contra.
En la mayoría de los casos sólo hace falta una expresión excesiva de violencia por parte del Estado, para generar otra en sentido opuesto de la cual se deriva una confrontación en un segundo frente (los medios masivos, especialmente en los medios de comunicación independientes o las redes sociales) que traen consigo efectos perjudiciales en la imagen gubernamental. Esa medida, es decir, la denuncia y neutralización de la violencia haciéndola de conocimiento público, puede fungir como contrapeso al accionar represivo de los gobiernos.
No se desmovilizará a la población con violencia, ni con spots gubernamentales como el célebre "Ya chole con tus quejas". La sociedad está despertando y lo mejor para todos será idear e implementar dinámicas que contemplen su intervención en los asuntos públicos.
Actualmente estan llevándose a cabo procesos de emancipación política de los pueblos en diferentes partes del mundo, el problema es que ello no se analiza a profundidad en los medios masivos porque los ciudadanos de otros países (como el nuestro) podrían seguir el ejemplo. Quizá por eso muchos gobiernos ven necesario (para ellos) reforzar o incluso recrudecer el uso de la violencia, no contra la delincuencia organizada, sino sobre todo contra el despertar político de su población.
Por eso urge salir de ese estado de ensoñación apática que frena el ímpetu social y comenzar a diseñar e implementar estrategias que hagan factible una emancipación integral de la sociedad, sin que esta derive en el caos.
En Birmania, por ejemplo, los monjes y estudiantes budistas han asumido la labor de concientizar a la población sobre la necesidad de frenar el autoritarismo de la junta militar que gobierna ese país, ante lo cual se ha producido una ola de violencia para reprimir sistemáticamente sus protestas, por lo que una buena parte de la población ha decidido organizarse de manera pacífica, para fungir como contrapeso a dicha junta militar y actualmente continúan en una firme e inquebrantable posición de Resistencia social.
El desafío no es sólo para los gobernantes, sino sobre todo para el juicio consciente y libre de la gente; el objetivo es el fomento y práctica de una percepción NO alienada de la realidad, en un contexto de acción organizada y no violenta de la sociedad.
Pues si los gobiernos siguen negando o maquillando la realidad social no se podrán hacer diagnósticos objetivos ni implementar medidas proporcionales a los problemas. En la siguiente parte, se aportan datos históricos que confirman lo dicho hasta el momento y que se contraponen a la versión oficial de la historia.
Hasta la Próxima.
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