LAS ORGANIZACIONES DE LA SOCIEDAD CIVIL EN MÉXICO. UNA MISIÓN GENERACIONAL.


POR H. ELIEL PÉREZ CERVANTES

INTRO.

En la segunda parte de la película “El Planeta De Los Simios” se da un dialogo a señas entre 2 personajes: Un general simio propone a su superior atacar y eliminar a los invasores humanos; sin embargo el líder de la manada, llamado Cesar, rechaza la propuesta de su subalterno y le indica, tocándose la cabeza y señalando hacia un punto indeterminado en el horizonte, que hay que pensar en el FUTURO, sobrevivir, seguir existiendo. La escena plantea al espectador, cuando menos a éste espectador, la idea de que la inteligencia del primate previo al homo sapiens dio lugar al fenómeno de la conciencia gracias a la percepción y comprensión del tiempo, así como de la duración de lo que pasa o se hace pasar en él.

Rescato la escena de una pelicula de ciencia ficción y la extrapolo bruscamente a un texto que debe estar basado en el análisis teórico-práctico de nuestro objeto de estudio, no por irresponsabilidad académica, sino porque resume bien el planteamiento del problema:

La organización de la sociedad civil en México, aún en ciernes, implica considerar múltiples escenarios pasados, presentes y futuros. Hacerlo de un modo productivo requiere el conocimiento de las instituciones que existen para dar viabilidad a la vida en sociedad. No llevarlo a cabo, en cambio, sería señal de que los humanos que habitamos esta porción del planeta conocida popularmente como México, no estamos aprovechando ni las ventajas evolutivas de nuestra especie, comenzando por la razón, ni el legado cultural que generaciones anteriores construyeron, comenzando por la ley.

Así pues, planteamos aquí que es una misión generacional construir las condiciones para una mayor incidencia de la ciudadanía en los asuntos de Estado y de Gobierno. Acciones concretas que demuestren, entre otras cosas, que no sólo hemos evolucionado como especie, sino como sociedad. Llegado a este punto y antes de recurrir a la bibliografía a nuestra disposición, cabe aquí responder lo que personalmente considero son las Organizaciones de la Sociedad Civil en México, y en el afán de que tanto esta introducción como el enfoque subjetivo no se extiendan más de lo necesario lo diré en una palabra: Oportunidad.

DESARROLLO:

México se encuentra ante la oportunidad histórica de que su realidad social comience a construirse mediante la integración corresponsable del binomio Gobierno+Sociedad Civil, que contribuya al fortalecimiento y democratización del Estado en su conjunto. Y como toda oportunidad, ésta tiene un momento y unas circunstancias específicas.

Como lo apunta la Doctora Cristina Puga, socióloga y doctora en Ciencia Política de la UNAM, el avance democrático que ha tenido lugar en México se ha dado gracias al desarrollo de una sociedad civil más informada y participativa, que dispone de tecnologías cada vez más sofisticadas para comunicarse e interactuar entre sí, la cual, además de las insuficiencias del estado en diversos aspectos, enfrenta el reto de construir alternativas de solución mediante la organización de la sociedad y la proliferación de organizaciones con capacidades reales para llenar esos vacíos [1].

Contamos además con los efectos de una larga serie de movimientos y luchas sociales que han ampliado las esferas de acción de la ciudadanía en los asuntos públicos. Y si bien aún no hay una total apertura para la participación de los ciudadanos en el ámbito político, sí se han dado avances en el plano legislativo que dan lugar a la participación social en algunos ámbitos de competencia del Estado.

Ejemplo de ello es la Ley Federal de Fomento a las Acciones Realizadas por Organizaciones de la Sociedad Civil. Una ley promulgada en el año 2004 en cuyo articulo 5 se establecen 19 rubros objeto de fomento[2], que abren una amplia gama de posibilidades de desarrollo democrático, pero que al igual que el resto de nuestro marco jurídico es desconocida por la gran mayoría de la población. Lo preocupante es que no obstante dichas conquistas sociales, actualmente, el desconocimiento de ésta legislación no es la excepción, sino la regla en nuestro país.

De acuerdo al Director del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, Dr. Héctor Felipe Fix Fierro, el 90% de la población conoce poco o nada la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos [3]. Siendo así, por mucho optimismo que despierte la movilización intermitente de la sociedad en torno a causas políticas, la realidad es que ante semejante desconocimiento de la ley el concepto de ciudadanía se torna insustancial, etéreo. Puede entenderse como una condición dada por el cumplimiento de la mayoría de edad de una gran suma de individuos, pero no por el ejercicio de derechos y menos aún por el cumplimiento de obligaciones cívicas.

Justo ese es uno de los retos principales que compartirán en lo sucesivo tanto las organizaciones de la sociedad civil como las instituciones del Estado propiamente dicho: romper la barrera de la ignorancia en todos los ámbitos, pero particularmente en aquellos que mejoran la calidad de la ciudadanía en nuestro país. Ello dotaría a las personas de nociones y conocimientos que, potencialmente, coadyuvarían al mejoramiento de su nivel de vida individual y colectivo.

Por eso fomentar la participación ciudadana pasa necesariamente por un proceso de concientización y capacitación de individuos, grupos, asociaciones y organizaciones que asuman la función de incidir directamente en todo aquello que hasta ahora hemos delegado en otros. Pero no será posible complementar nuestra actual democracia representativa con una democracia participativa sí a pesar de contar con las bases para la participación de los ciudadanos estos las desconocen. He ahí un ancla, un obstáculo, un muro invisible que de no superar mantendrá dividida indefinidamente a la población en la antigua categorización de gobernantes y gobernados.

Ahora bien, si partimos del concepto clásico de sociedad civil como el producto de un contrato social entre el estado y los ciudadanos de un determinado país[4], las organizaciones de la sociedad civil son formas de asociación legal de personas con derechos y obligaciones cívico-políticas que, sin formar parte de las instituciones gubernamentales, persiguen fines públicos en función de su objeto social*, es decir, de la razón específica por la cual se constituyeron.

En este sentido, tener conocimiento de la existencia del marco legal que posibilita la operación de las organizaciones de la sociedad civil es el principio de un cambio social de paradigma, con alcances que únicamente la puesta en práctica de los conceptos democracia y participación ciudadana podrán revelar.

Lo mismo que cuando el individuo se apropia enteramente de su voluntad comienza a darse un proceso de maduración de la personalidad, cuando la sociedad se apropia de su entera soberanía comienza a darse un proceso de autodeterminación y construcción de lo público. Es decir, en México están dadas las condiciones objetivas para la existencia de una democracia participativa gracias a la existencia de leyes e instituciones mediante las cuales desplegarla, no obstante falta madurar las condiciones subjetivas de la población para aprovechar a cabalidad una cimentación hecha a base de una larga historia de luchas sociales.

Por eso decimos aquí que la relación que tienen las Organizaciones de la Sociedad Civil con la democracia radica precisamente en la construcción de mecanismos y espacios de deliberación y acción colectiva para resolver problemas públicos. La idea pues, de concientizar a la ciudadanía respecto a la trascendencia de su acción en éste plano busca vincular de manera concreta la estructura institucional con la estructura social**, a fin de que ésta modifique su comportamiento pasivo y expectante por uno proactivo y autodeterminado.

Siendo así, las organizaciones de la Sociedad Civil tienen una relación de corresponsabilidad y colaboración respecto al Estado en la procuración y obtención de satisfactores sociales por la vía legal e institucional***, siempre y cuando se trate de un Estado democrático y no autoritario, muy en el sentido explicado por Ricardo Tirado respecto a los Gobiernos Horizontales; en los cuales se dan arreglos donde el ciudadano asume por elección un rol activo, ciertamente no de manera voluntaria, dado que al nacer el futuro ciudadano no elige su pertenencia a una determinada nacionalidad, pero sí por propia convicción [5].

CONCLUSIÓN

Pensar en el futuro implica llevar a cabo una serie de ejercicios de imaginación y proyección que los futurólogos denominan “prospectiva estratégica”; partiendo de la idea de que el futuro tanto individual como colectivo debe ser progresivamente mejor respecto del presente, en un aspecto específico o varios. Ello conlleva diseñar y desplegar una estrategia que efectivamente vaya creando las condiciones propicias para obtener el o los resultados esperados.

Esto le da la vuelta a la idea del destino y le introduce racionalidad a eso que conocemos como devenir histórico, es decir, no es el futuro el que abstractamente mejora y nos mejora a nosotros, sino que somos nosotros los que al mejorar concretamente lo mejoramos a él. Suena a idealismo y en definitiva lo es.

No obstante, llevar esta idea al ámbito político e institucional implica la irrupción real de la sociedad civil organizada en los procesos de toma de decisiones públicas. Y esto a su vez le da la vuelta a las relaciones de poder, no al margen, ni en contra, sino dentro del Estado, mediante el ejercicio práctico de la soberanía.

La crisis de la democracia en México no radica en ella como régimen de gobierno, ni en el sistema representativo como tal, sino en los vicios y perversiones del sistema de partidos, cuyo descrédito esta alejando a los ciudadanos no sólo del ámbito político electoral, sino también del plano institucional; por lo que es urgente desplegar estrategias que reviertan esa tendencia.

Y consideramos aquí que la apatía imperante en el grueso de la población puede revertirse mediante la puesta en practica de estrategias organizativas en el seno de la sociedad, pues lo político, es decir el desarrollo de relaciones e interacciones para la construcción de lo público, es una esfera que no necesariamente tiene que ver con los juegos de poder a nivel de élites de toda índole, sino con actividades a nivel de población en el mundo de la vida cotidiana.

Transitar de un modelo de democracia representativa a uno de democracia participativa o directa comienza pues, por complementar ambos esquemas, por lo que desde la perspectiva del que esto escribe, el principal reto de las organizaciones de la sociedad civil está en convertirse en herramientas de la ciudadanía para ejercer de manera concreta la soberanía de la nación. De ello se derivan múltiples retos, principalmente el de concientizar dentro y fuera de su radio de acción a otros ciudadanos, respecto a lo trascendente de su participación en los asuntos públicos, y el objetivo compartido y concreto de hacer realidad la democracia. ****


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:

[1] Irnardo Santos (Coordinador). (2014). “Para una historia de las asociaciones en México (siglos xviii-xx)”. México: Palabra de Clio Editores.

[2] Congreso de la Unión. (2004). “Ley Federal de Fomento a Acciones Realizadas por Organizaciones de la Sociedad Civil”. Articulo 5. Diario Oficial de la Federación 28-01-2011, 16-06-2011, 2 de 16.

[3] Comunicación Social de la Camara de Diputados. (2017). “Noventa por ciento de mexicanos conoce poco o nada la Constitución.” Boletín 4020, Camara de Diputados LXIII Legislatura, Sitio web: http://www5.diputados.gob.mx/index.php/esl/Comunicacion/Boletines/2014/Agosto/26/4020-Noventa-por-ciento-de-mexicanos-conoce-poco-o-nada-la-Constitucion-Fix-Fierro

[4] Eduardo Rabossi. (1999). "Sobre los conceptos de Sociedad Civil y Sociedades Civiles”. Revista Jurídica de la Universidad de Palermo., Año 2 No. 2, Pag. 28.

[5] Ricardo Tirado. (1996). Nuevas Perspectivas (de las Organizaciones de la Sociedad Civil). México: UNAM.


* ¿Qué son las organizaciones de la sociedad civil?
** ¿Qué relación tienen las OSC con la democracia?
*** ¿Qué relación tienen las OSC con el Estado?
**** ¿Qué retos enfrentan las OSC en México?



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