REPRESENTANTES... ¿DE QUIEN?

POR H. ELIEL PÉREZ CERVANTES


INTRO: ¿Cómo llegamos al punto en que se encuentra el sistema político actual? ¿qué mecanismos posibilitan la falsificación de la democracia y cuales hacen más tardía su concreción? Y finalmente, si lo que tenemos ahora aún no es democracia, ¿qué es entonces?

UNA ILUSION

La ilusión democrática que estamos presenciando actualmente, es un efecto logrado mediante los métodos de propaganda empleados a partir de la segunda guerra mundial, con los cuales se influenciaba el pensamiento y el comportamiento de las personas tanto en los países en conflicto como en los periféricos.

Como ya hemos señalado, cuando hablamos de procesos político-electorales nos encontramos ante otra área de aplicación de la ingenieria social y, en este caso, de un procedimiento que en los hechos instrumentaliza la representación popular para lograr la autolegitimación de las élites. Como tal, un efecto de su despliegue ha sido la fragmentación de la ciudadanía y la creación de bandos que, cíclicamente, se disputan entre si posiciones de la estructura del estado.

En la actualidad, pero con orígenes en la primera mitad del Siglo XX, el marketing electoral ha sido una metodología y un compendio de técnicas de comunicación estratégica, que ha ayudado a grupos y organizaciones políticas a acceder a posiciones de poder público.

Como área de aplicación de las Ciencias Políticas y de la Comunicación, el marketing político-electoral aporta estrategias efectivas de propaganda, así como organizativas, para un optimo despliegue de los equipos de campaña; todo con el objetivo de posicionar a un candidato en las preferencias del electorado, potencializar los actos de campaña e inducir, en la medida de sus alcances, el resultado del proceso electoral.

Hasta aquí todo ello puede considerarse válido y como tal está permitido por la ley. Sin embargo, entre lo que puede reprochársele a este recurso está el que su enfoque mercantil falsee el discurso político haciéndolo demagógico, que separe la práctica política del contacto directo con la población y que sea unidireccional, es decir, que no permite la retroalimentación, sino tan sólo masifica el monólogo de la clase política, junto con su espectáculo de aparentes círculos "ascendentes" y "sucesorios".

...Pacto por México...

Esto ha dañado a la actividad política en México, donde el formato de las campañas electorales terminó siendo una replica del modelo norteamericano, enfocado sobre todo a posicionar la imagen de los candidatos y dejando al margen, o tocando muy superficialmente aspectos como:

Sus propuestas (lo que ofrece), su proyecto de gobierno (cómo pretende lograrlo), su experiencia o perfil de formación (con qué capacidades propias cuenta para realizarlo), su equipo de trabajo y círculos de respaldo político y económico (con quiénes y por quienes llegará al poder), y, en función de esto, los posibles conflictos de interés en que podría incurrir en caso de llegar al cargo, es decir, cómo podría utilizarlo en beneficio, no del interés general sino de intereses propios y de grupo).

El perfil del electorado también es parte del problema, pues las campañas políticas bajo el enfoque del “marketing” se diseñan en función del “público objetivo”. Y el hecho de que México sea un país con una población cuya escolaridad promedio es de tercer grado de secundaria [Inegi 2014], ha sido el pretexto para que las campañas políticas no destaquen precisamente por su contenido, sino por sus golpes de efecto mediático.

En este contexto, el objetivo de las campañas políticas no es proveer información que ayude a los diversos sectores de la ciudadanía a contrastar los proyectos políticos de cada partido o candidato, sino uniformar criterios de elección; como si los procesos electorales fueran simples concursos de popularidad.

Mecánicamente, dos meses bastan para poner a un candidato de moda, el que lo logra, previo derroche de varios millones de pesos, gana una elección en México. ¿En serio vamos a llamarle democracia a eso?

LOS MECANISMOS

Esto no significa que el electorado sea irremediablemente no apto para saber elegir entre opciones políticas, sino que por generaciones se ha creado el perfil del “votante idóneo”, para un nivel de política partidista que sería inaceptable ante una población más crítica, con mejores niveles de vida y con habilidades cívico-políticas plenamente desarrolladas.

Cuando un país tiene a prácticamente la mitad de su población (45% al 2014, según el INEGI) sobreviviendo en condiciones de ignorancia y pobreza, tiene el caldo de cultivo propicio para que los partidos en posiciones de gobierno, usen los programas sociales para construir clientelas políticas, las cuales les proveen de grandes sectores de la población, altamente dependientes al sistema gubernamental.

Esos 2 factores: Ignorancia y pobreza se relacionan directamente con los fenómenos de alienación [creer sin cuestionar (para la psicología, la psiquiatría y la sociología implica la anulación de la personalidad propia)] y clientelismo político.

Este último hace que millones de personas voten en función de beneficios de corto plazo (dinero, materiales de construcción, despensas, etc.), mientras que el primero hace más susceptibles a las personas ante el modelo extremadamente superficial de las campañas políticas.

Pero es un factor inherente a nuestra naturaleza gregaria lo que refuerza este mecanismo. Para Serge Moscovici, nuestra primitiva propensión como sociedades humanas, a delegar nuestra responsabilidad sobre los asuntos públicos en un “líder”, es lo que ha consolidado a la política tradicional “como la forma racional de explotar el fondo irracional de las masas”.

Por eso, explotar ese aspecto de nuestro comportamiento social adquirió tal importancia durante todo el siglo XX, haciéndo de la psicología de masas una herramienta clave en las actividades que configuran la organización de la sociedades: culturales, económicas, políticas y de gobierno.

Perfeccionadas las llamadas Técnicas de Persuasión y aunado a ello el desarrollo de las tecnologías de la información y de la comunicación, la posibilidad de moldear el pensamiento y el comportamiento masivo se volvió algo factible.

Consecuencia de ello fue que para la segunda mitad de siglo XX, la consolidación de la hegemonía capitalista no dependería sólo del uso de la fuerza, vía guerras, sino más bien de la sofisticación de los fenómenos de masas; entre otros: los procesos político-electorales, la instauración de nuevas pautas de consumo comercial, la producción de contraculturas, la masificación del cine, la radio y la televisión, y por ende, el boom de la industria del entretenimiento. La era de las masas estaba lista. La transformación de Hitler en los Beatles saltó a la realidad.


Fue así que el ser humano comenzó a percibir una “realidad editada”; la opinión pública comenzó a estandarizarse y la fórmula Estimulo-Respuesta encontró una nueva área de aplicación en los medios masivos.

Hoy esto es evidente. Por eso surgen tantas noticias y tantos estímulos mediáticos cotidianamente, para saturar con ellos al espectador, logrando, ya sea la dispersión de su atención en múltiples temáticas, o su concentración en una sola, cualquiera que sea el tema del momento.

Así que no importa lo que pase, otra cosa pasará enseguida que le quitará atención a la anterior y así sucesivamente; o como solía decir Carlos Monsivais:

“O ya no entiendo lo que esta pasando, o ya pasó lo que estaba entendiendo.”

Por eso proponemos ver esta serie de fenómenos como un todo, es decir, como un proceso de amoldamiento de sociedades que facilita su administración. Lo ubicamos teóricamente como ingeniería social, pero es ante todo la expresión de una voluntad de dominio y una de las consecuencias mas graves de poner al Estado al servicio del Mercado, aplicando las fórmulas del neoliberalismo.

Hasta esta parte he tratado de narrarte la acción de los poderes fácticos en la orientación de la realidad social e institucional, pero el punto sigue siendo: ¿cuándo vamos a narrar nuestra acción como sociedad? ¿Cuáles son los costos de nuestra indecisión a recuperar como ciudadanía la soberanía del Estado?

En la parte siguiente abordaremos un ejemplo de cómo la apatía de la población respecto a los asuntos de interés general, puede derivar en crisis de violencia e inseguridad, como la que actualmente campea en nuestro país.

HASTA LA PROXIMA.

Ntsʼu̱tkʼani

Anterior:

EL PODER DE LA MENTIRA Y LA MENTIRA DEL PODER

Siguiente:

LA PARADOJA LEGAL Y LA LEGITIMACION DE LA VIOLENCIA

Comentarios

Entradas populares